Los expertos aseguran que las peculiaridades dificultan la implantación del modelo EEUU
¿Se puede ganar una campaña electoral siguiendo el modelo americano? ¿Hay diferencias entre el comportamiento de los votantes de España y el resto de Europa respecto a los ciudadanos que escogieron en el año 2000 a Bush? Estos fueron algunos de los planteamientos básicos sobre los que pivotó la segunda mesa redonda del Seminario Internacional de Dirección de Campañas Electorales que se clausuró ayer en Madrid. Uno de los ponentes, José Luis Dador, profesor de Comunicación Política de la Universidad Complutense de Madrid, habló de una "supuesta americanización" de la vida política española, considerando que se trata de una tendencia que, aunque avanza, está obligada a convivir y adaptarse a las características del país.
Dador explicó que el modelo americano implica "una creciente personalización de los políticos y de las campañas" junto a la "espectacularización del proceso electoral para atraer a los medios de comunicación", con la consecuente tendencia a buscar la anécdota frente a las propuestas del programa.
Sin embargo, al igual que defendió el catedrático Francesc Pallarès, existe en España una mayor "rigidez electoral" que en Estados Unidos, sobre todo en determinadas zonas. Los votantes españoles, por lo general, son más tradicionales en su percepción de la política y diferencian en mayor grado la cultura de izquierdas y la de derechas. También, a la hora de emitir el voto, Dador asegura que, como en el resto de países mediterráneos, influyen más las redes de interés y las redes sociales de comunicación interpersonal.
Por otro lado, las reglas electorales también ponen trabas a la adopción del modelo estadounidense. Entre las diferencias más importantes destacaron la existencia en España de las listas cerradas, las limitaciones de la financiación electoral y la fuerza del discurso de los partidos políticos que eclipsa parcialmente al líder.
Esteban López-Escobar, profesor de Opinión Pública de la Universidad de Navarra, destacó que la sucesión de convocatorias electorales hace que "la sociedad española viva inmersa en un proceso permanente de campaña", donde se da preponderancia a la imagen que transmite cada candidato.
La diferencia española: la tele llegó antes que los partidos
Durante la mesa redonda, Francesc Pallarès, catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universitat Pompeu Fabra, destacó una de las peculiaridades de España. La relativa juventud de la democracia española ha dado lugar a una situación paradójica: "A diferencia de otros países con tradición democrática más longeva, los partidos políticos españoles se dieron a conocer a través de la televisión", explicó. Según el catedrático, "la gente empezó a familiarizarse con los partidos y los programas electorales gracias a lo que han visto en el televisor y precisamente por eso los líderes, los candidatos, tienen aquí un papel tan importante. Probablemente muchas personas se hicieron centristas gracias a Adolfo Suárez". Pallarès asegura que esta peculiar génesis de los partidos políticos podría explicar por qué "cuesta tanto y es siempre tan dramático el proceso de sustitución de los líderes". |